De La casa de hierro (2002)

  • Poesia

Ciudad de arrugas

 

Hemos comprado la muerte y la estamos pagando a plazos

Qué se puede decir si la mentira sólo nos funciona cuando

somos niños y la risa es una máscara que se alquila a bajo precio.

 

El cine abandonado en la esquina como ropa vieja

Las calles llenas de graffitis de gente que sé hasta el

silencio se lo han tenido que guardar en los bolsillos.

Dioses guerreros

Rezos antiguos

Tristes iglesias y este desarraigo absurdo de la palabra

Aunque necesitemos de un rincón

se debe entender que hay demasiados mares entre

la mentira y el secreto

 

Todo recuerdo trae su dolor bajo el brazo, como las noches

que arrastran soles para semifelices de los sábados o

escalofríos repartidos como gatos alegres.

 

Alguien habla de disfraces del teatro callejero y la burla.

 

Aun así no se puede evitar la verdad inconclusa

Los cementerios del amor

El aliento seco de las piedras

 

Esta ciudad de arrugas, de mármoles carnales no habla. Sólo

entrega el aullido del último abrazo, el peligro del cuerpo.

Me entrega la angustia del perro callejero.

Tambores en las esquinas llamando tradiciones

La actitud aburrida del teléfono.

-Relojes mentirosos- la piel no resistirá el sudor de los asfaltos.

La guerra también pedirá auxilio y entonces no se podrán

hacer juguetes de tierra. Hasta las ruinas de la ciudad nos abandonarán.

 

Tristes iglesias

Dioses guerreros

Rezos antiguos

Seremos relámpago de los soles. Seremos celdas del asombro.

Tal vez llegarán los días donde las máscaras no tendrán un bajo precio

y entonces deberemos pintarnos la risa con retazos de miseria.

 

 

Pianos de sal

 

Este noviembre de sal no podrá entender la risa desnuda

Y entonces habrá que ocultarse en el borde de un sol viejo,

arrebatarle las máscaras a esta ciudad roja.

 

Habrá que incrustarle un piano al dolor.

 

Lejos de todo este absurdo sólo existe el sobresalto

de otras ruinas, los escalofríos del domingo.

Pero también alguien debe creer que al otro lado hay un

cementerio de bocas y abrazos son crucificados en los espejos.

 

Aún así, hace feliz un juguete de hierro. Todavía no espantan los relámpagos.

Hay diarios de mal olor e innumerables adioses que caerán sobre la espalda.

Se deberá hablar del asombro o comerse la verdad de las piedras.

Dejar mordeduras en este intento inútil de querer.

 

Cuando todo suceda

Quizás el mundo se trague diciembre. Alguien multiplicará

la infancia de los sábados. Y se detendrá la tragedia del reloj

 

Aunque hayan tantos abismos en las ventanas nadie despojará la risa.

Cuando todo suceda

La luna se encenderá con el maúllo de los gatos.

 

Habrá que incrustarle un piano al dolor

 

Pero no todos lo pianos son azules.

Algunos son de sal y noviembres.

 

 

Ojo de pez

 

Ahora las hélices duermen

se dejan cuidar por los ojos soñolientos de los perros

Las veo como soles muertos condenados

por una diosa antigua

Y a veces como caracoles extraños

ofreciendo abrazos

Hay hélices con ojos de pez

Hélices heridas esperando la cura de Asclepio

o una bendición balsámica

aguardando por el viento del sur

Adivinando el próximo gesto del círculo blanco

queriendo imitar el calendario lunar

Las percibo como comedias trágicas

como el mundo subterráneo de las hormigas

Asusta cuando atisbo en ellas el tártaro de Hades

 

Las hélices también son ninfas que

cuidan las lluvias cuando los perros duermen

Se divierten con los caballos blancos del sol

viajeros legendarios del cielo

 

Aquí me hablas de hélices abiertas

Yo te hablaré de sus fiestas al óxido

De sus mitos de hierro

De la gloria que inauguras cuando

te sientas en ellas para contar el tiempo.

Para contarte.

 

 

Agujas

 

A veces los edificios son agujas

Agujas de múltiples ojos

que se cosen entre sí

Agujas atadas

Incrustadas en las sombras

que se levantan sobre las hojas

sobre el temblor de los árboles

sobre el dolor

 

Se estacionan

como cicatrices

Como flores falsas

como piedras altas

Como cruces incompletas

Como torres baratas sin cuentos de hadas

 

A veces los edificios son agujas

sobre otras agujas que se cosen los ojos

Las palabras

El grito

Que van y vienen como flores falsas

como piedras altas

Como cruces incompletas

Igual que los edificios

Igual que la agujas.


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